003 El maestro cantero

diciembre 14, 2007

El espectáculo de aquellas imponentes moles proyectando su sombra piramidal sobre la dorada arena del desierto le hizo olvidar el agotador viaje hasta Gizeh. Agarrado al mástil de la falukah intentaba mantenerse erguido hasta que sus temblorosas piernas cedieron y se desplomó sobre la cubierta. Una mezcla de euforia, tristeza y rabia se había apoderado de él. En el atardecer de su triste existencia tenía ante sus ojos aquello por lo que había entregado toda su vida en las polvorientas canteras de Swenet. Una lágrima recorrió su agrietada mejilla y se perdió para siempre en las dulces aguas del Nilo • 

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