004 Padrenuestro
Diciembre 15, 2007
De pequeño me atormentaba la idea de que mis culpas no fueran nunca perdonadas. “Perdona nuestras culpas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores”, rezaba cada noche al acostarme. Pero cuanto más intentaba olvidar aquellas primeras deudas menos lo conseguía. Se trataba sólo de cromos o canicas que algún compañero se negaba a devolver pero, en el fondo, eran deudas. Con el tiempo descubrí que eso de perdonar deudas no es algo tan habitual entre mis congéneres. Ahora duermo más tranquilo, convencido de que el Ser supremo habrá tenido que bajar el listón para poder perdonar las culpas a alguien •
Cuànta raó tens!!!
Perdonar no és l’exercici que més es practiqui.