008 Retratos

Diciembre 27, 2007

Personajes anónimos con el semblante inexpresivo y la mirada perdida en el infinito. Mentes distantes, inmersas en sus problemas. Rostros palidecidos por la luz de los fluorescentes, difuminados por el grueso cristal tras el cual se exponen, resignados, a los ojos de los demás. El disco verde del semáforo se ilumina y una tras otra pasan por delante de mí, como cuadros en una sala de exposición, las ventanillas del autobús junto al que me he detenido de camino al trabajo. A través de ellas veo retratos de gente aparentemente distinta aunque en el fondo, pienso, tan parecida a mí

007 El televisor

Diciembre 24, 2007

Apagó el televisor cabreado, indignado consigo mismo por no haberlo hecho antes. Se había dejado llevar por la falsa convicción de que ver un rato la tele antes de acostarse le ayudaría a relajarse un poco. Pero no sólo no había visto cumplidas sus expectativas sino que ahora se sentía peor. Peor porqué sabía que aquella noche no descansaría lo suficiente, que el día siguiente estaría aún más irritado y que al llegar a casa se dejaría llevar de nuevo por la falsa convicción de que ver un rato la tele antes de acostarse le ayudaría a relajarse un poco

006 La rueda

Diciembre 19, 2007

Siete, ocho, nueve, diez, once, doce…. Definitivamente, ser rueda no es nada divertido. A menudo, como ahora, me entretengo contando los trazos blancos de la línea discontinua. No me puedo quejar ya que al menos yo puedo hacer algo. Mi homóloga del lado derecho lo tiene más crudo, la pobre, pues la mayor parte del tiempo rueda junto al arcén. Cuando me canso de contar juego a adivinar el color del trazo que se aproxima: blanco, negro, blanco, negro… Parece fácil pero la gracia está en no equivocarse cuando de repente, sin previo aviso, viene un tramo con línea continua •

005 Reencuentro

Diciembre 18, 2007

Se sentó a su lado y le cogió la mano sin decir nada. Él la miró a los ojos sorprendido por tan inusual comportamiento, pero tampoco dijo nada. Hacía muchos años que apenas se relacionaba con su padre. Su tormentoso paso por la pubertad la había mantenido distante de él durante demasiado tiempo. Seguían mirándose, en silencio, disfrutando en plenitud de aquel momento tan especial para ambos. Entonces ella le apretó la mano con fuerza y su padre respondió con aquel familiar guiño de complicidad que tanto la reconfortaba de pequeña. Se sintió feliz por haberse reencontrado con su progenitor •

004 Padrenuestro

Diciembre 15, 2007

De pequeño me atormentaba la idea de que mis culpas no fueran nunca perdonadas. “Perdona nuestras culpas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores”, rezaba cada noche al acostarme. Pero cuanto más intentaba olvidar aquellas primeras deudas menos lo conseguía. Se trataba sólo de cromos o canicas que algún compañero se negaba a devolver pero, en el fondo, eran deudas. Con el tiempo descubrí que eso de perdonar deudas no es algo tan habitual entre mis congéneres. Ahora duermo más tranquilo, convencido de que el Ser supremo habrá tenido que bajar el listón para poder perdonar las culpas a alguien •

003 El maestro cantero

Diciembre 14, 2007

El espectáculo de aquellas imponentes moles proyectando su sombra piramidal sobre la dorada arena del desierto le hizo olvidar el agotador viaje hasta Gizeh. Agarrado al mástil de la falukah intentaba mantenerse erguido hasta que sus temblorosas piernas cedieron y se desplomó sobre la cubierta. Una mezcla de euforia, tristeza y rabia se había apoderado de él. En el atardecer de su triste existencia tenía ante sus ojos aquello por lo que había entregado toda su vida en las polvorientas canteras de Swenet. Una lágrima recorrió su agrietada mejilla y se perdió para siempre en las dulces aguas del Nilo • 

002 UCI

Diciembre 12, 2007

No se encontraba del todo mal pero su hígado estaba dejando de funcionar por momentos, lo que la obligaba a visitar frecuentemente el hospital. Aquella mañana estábamos los tres en su habitación; mi padre, mi hermana y yo. Nos sentíamos incomprensiblemente relajados, a pesar de las circunstancias. De repente entró una enfermera con la comida pero reculó de inmediato al ver que se había equivocado. Por prescripción médica mi madre debía permanecer en ayunas. Entonces mamá espetó: ¡Aquí estamos tan jodidos que la comida sólo nos la enseñan!. Fue la última vez que nos reímos a carcajadas los cuatro juntos •

001 El abuelo

Diciembre 12, 2007

Cuantas veces no habíamos visto ya llorar a nuestro hijo de cinco años. En todas sus modalidades y por todos los motivos imaginables, creíamos. De hambre, de frío, de sueño, de miedo, de rabia, de dolor, de impotencia, de envidia … incluso de risa. Pero aquella noche su llanto era distinto. Lloraba de pena, por primera vez en su vida, tras conocer que su abuelo nos había dejado para siempre apenas hacía unas horas. A través de su mirada percibíamos que estaba experimentando un sentimiento desconocido hasta entonces para él. Le acompañamos, emocionados, en su pequeño gran paso hacia la madurez •